Ella, volvía a un refugio que dejó hace un año pero se encontró una grata sorpresa.
Cuando llegó, estaba una chica que aleteaba en esos años en los que la pureza de los sentimientos te impregna cada día. La chica hacía llamarse Encarni.
Charlaron de sus recuerdos de años atrás, de sus futuros proyectos mientras, sin darse cuenta, forjaban un encantamiento que empieza por A y que guardarían en el buzón del tiempo. Desde el primer momento, Encarni le trasmitió bondad.
Ambas compartían refugio y en el no podían faltar las confidencias y fue entonces cuando recordó unas palabras que escribió unos días antes:
En una de esas tardes en las que me revoloteaba el alma, te llamé con la intención de saber que todavía hay pájaros en el mundo con ganas de volar cada día mas alto, a pesar de sentir el vértigo de mirar atrás. Fueron pocas las palabras pero al fin y al cabo nos dijimos: “ bienvenida a mi refugio” .
Y de este modo, empezó ese encantamiento llamado amistad.
Todo encantamiento tiene momentos claves en los que se pone a prueba y fue en noviembre cuando Encarni la rescató de su escondite y dijo simplemente:
-¡ Baja a comer!.
Y mientras comían juntas, ella sencillamente pensaba: “ Gracias por existir”.
Trascurrió el otoño, el invierno y la primavera pero en todas ellas Julia, desde ese refugio escribía: -Mucha suerte, pequeña Encarni.
Llegó el verano y debían cambiar de rumbo, pero ambas sabían que siempre que fuera necesario volverían a decir: “bienvenida a mi refugio”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario