Designada desde su llegada a la vida, como la variante de Dios en femenino.
Procedía de un rincón del mundo donde la tierra y el mar se fusionaban, al igual que su cuerpo y su alma, y aunque con algo de rebeldía, alcanzaban un perfecto equilibrio.
Comenzaba a degustar, esos años donde la inocencia era un dulce recuerdo de la imaginación y la elegancia de la madurez se asomaba.
Su inocencia, su elegancia y su rebeldía se plasmaban en ese punto de inflexión entre su figura y su voz.
su voz, otorgada para que los encantamientos surgieran su efecto, viajó con el viento dejando huellas hasta en el eco de los susurros.
Fue entonces, entre soplo y soplo, cuando se topó con una pequeña hoja seca.
La hoja, constaba de tres pico, con tonalidades marrones pero a la luz del sol era traslúcida, dejando ver el mundo como lo veían sus ojos.
Este pequeño trocito de la naturaleza, se encontraba en el pelo de una chica que reboloteaba por su camino.
La joven, ya formaba desde hacia pocos años parte de su rumbo, pero le faltaba la hoja para pertenecer a los soplos y a la voz de su viento.
Ella, compartió su voz y la joven le mostró que esa hojita era un lugar donde las hojas, el viento y los sombreros formaban parte de los pequeños refugios, la elegancia y la inmortalidad de las palabras.
Trascurrieron las estaciones, las pequeñas rutinas pero ambas sabían que les faltaban las confidencias. Asi que asomándose la primavera apareció el encantamiento. Por supuesto no podía que ser otro, que el amor, ese biombo que separa la seducción de la amargura.
aparecieron los consejos, los recuerdos, las nostalgias y las risas pero sin olvidar que además del biombo hay otro encantamiento con A en el que acudirán con las palabras y los silencios.
una, era de una cuidad con mar y la otra de madrid pero la magia esta en todas partes y esta vez ocurrió en Murcia.
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